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CRISTO, NUESTRO SACRIFICIO

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CRISTO, NUESTRO SACRIFICIO

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  1. CRISTO, NUESTRO SACRIFICIO Lección 7 para el 16 de noviembre de 2013

  2. CRISTO EN ISAÍAS En cinco ocasiones, Isaías nos ofrece vislumbres de la vida y obra de Jesús:

  3. CRISTO EN ISAÍAS

  4. CRISTO EN ISAÍAS

  5. CRISTO, NUESTRO SUSTITUTO “así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan” (Hebreos 9:28) Todo ser humano está condenado a la muerte eterna: “Porque la paga del pecado es muerte” (Rom. 6:23 pp) Sin embargo, Jesús se ofreció a ocupar nuestro lugar y –sin haber cometido pecado– murió la muerte eterna en nuestro lugar, para darnos la vida eterna: “… mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Rom. 6:23 úp)

  6. CRISTO, SACRIFICIO SIN MANCHA “Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos” (Hebreos 7:26) Cada sacrificio que se llevaba al Santuario era examinado minuciosamente. Si se hallaba cualquier defecto en él, era desechado. • Solo una vida sin mancha, exenta de todo pecado, podía sustituir la vida del pecador.

  7. “Jesús obró con fervor y constancia. Nunca vivió en el mundo nadie tan abrumado de responsabilidades, ni llevó tan pesada carga de las tristezas y los pecados del mundo. Nadie trabajó con celo tan agobiador por el bien de los hombres. No obstante, era la suya una vida de salud. En lo físico como en lo espiritual fue su símbolo el cordero, víctima expiatoria, “sin mancha y sin contaminación.” 1ª de Pedro 1:19. Tanto en su cuerpo como en su alma fue ejemplo de lo que Dios se había propuesto que fuera toda la humanidad mediante la obediencia a sus leyes” E.G.W. (El ministerio de curación, pg. 33)

  8. LA SANGRE DE CRISTO “¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?” (Hebreos 9:14) El Nuevo Testamento enseña que la sangre de Cristo obtiene redención eterna, provee purificación del pecado, proporciona perdón, santificación, y es la razón de la resurrección. Debemos entender este símil (la sangre) en relación a los ritos del Santuario. Una vez muerto el animal, no podía realizar ninguna acción más. Sin embargo, debía ser llevado a la presencia de Dios y realizar la intercesión por el pecador. Esto se hacía a través de su sangre, que representaba al animal mismo. A diferencia del animal, Jesús resucitó y puede realizar personalmente todas las acciones que eran simbolizadas en el Santuario por la sangre de la víctima. De esta forma, cuando el Nuevo Testamento nos habla de la sangre de Cristo, nos está diciendo lo que Jesús hizo en la cruz y lo que Él mismo está haciendo por nosotros en el Santuario Celestial.

  9. DESCUIDAR A CRISTO “¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?” (Hebreos 10:29) Hay un gran peligro en tomar el sacrificio de Jesús a la ligera. Corremos el riesgo de creer que el pecado y el perdón son automáticos, y así perder de vista el alto coste que se pagó para conseguir nuestro perdón. Todo el ritual del Santuario estaba enfocado a imprimir en la mente de los israelitas el horror del pecado y el alto precio de su redención. Reflexionemos diariamente en la muerte de Jesús para comprender cuán horrible es nuestro pecado y cuánto necesitamos de Su gracia para vencerlo.

  10. “Sería bueno que cada día dedicásemos una hora de reflexión a la contemplación de la vida de Cristo. Debiéramos tomarla punto por punto, y dejar que la imaginación se posesione de cada escena, especialmente de las finales. Y mientras nos espaciemos así en su gran sacrificio por nosotros, nuestra confianza en él será más constante, se reavivará nuestro amor, y quedaremos más imbuidos de su Espíritu. Si queremos ser salvos al fin, debemos aprender la lección de penitencia y humillación al pie de la cruz” E.G.W. (El Deseado de todas las gentes, cp. 8, pg. 63)