eco y narciso el dolor de la vanidad n.
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  1. ECO Y NARCISO, el dolor de la vanidad.  David hernandez

  2. Narciso, aquel bebé, hijo de la ninfa Liríope, que al nacer asombró a todos por su apariencia física creció atrayendo las miradas de todos los que lo rodeaban. Era la cosa más increíble, nadie, pero nadie, podía escapar de mirar al llamativo joven.

  3. Sin embargo, el adivino Tiresias predijo eque narciso viviria hasta la mayoria de edad SOLO SI NO SE MISARE A SI MISMO, que si lo hacia seria su perdicion

  4. Narciso vivía consumido dentro de sí, parecía que no existiese ningún otro mundo para él, que el propio. Se la pasaba caminando por aquí y por allá.

  5. Un día Narciso, en uno de sus tantos paseos, llegó a una cueva, en la cual habitaba la ninfa eco, al verlo, quedó cruelmente hechizada por el joven, que ni se percató de la presencia de la ninfa.

  6. Narciso comenzó a frecuentar la cueva, y sólo él sabría ¿por qué? Eco le seguía siempre, como si estuviese atada a una soga jalada por él.

  7. un día, mientras Narciso estaba cazando ciervos, la ninfa siguió sigilosamente al joven a través de los bosques, pero era incapaz de hablar primero. Cuando finalmente Narciso escuchó sus pasos detrás de él pregunta: —¿Está alguien ahí? —¡Ahí! —repitió Eco, lo que sorprendió a Narciso, pues nadie estaba a la vista. —¡Ven! —¡Ven! —¿Por qué me eludes? —¿Por qué me eludes? —¡Unámonos aquí! —¡Unámonos aquí! —repitió Eco, y corrió alegremente del lugar donde estaba oculta a abrazar a Narciso. Pero él sacudió la cabeza rudamente y se apartó. —¡Moriré antes de que puedas yacer conmigo! —gritó. —Yace conmigo —suplicó Eco. Pero Narciso se había ido, y ella pasó el resto de su vida en cañadas solitarias, consumiéndose de amor y mortificación, hasta que sólo quedó su voz.

  8. Al tiempo, mientras daba otro de sus paseos, perturbado aún por el suceso en la cueva, ensimismado con sus pensamientos, perdió la cuenta del tiempo y alargó su camino hasta desconocerlo. Estaba cansado y sediento. 

  9. Buscó algún lugar donde hubiese agua, hasta que dio con un pequeño riachuelo de aguas cristalinas. Cuando se acercó para beber, se vio reflejado en la superficie del agua. ¡Por Zeus! ¿Qué fue aquella imagen que vio? ¡Era la criatura más aterradora que él jamás había visto! ¡Era horrible! ¡Toda su vida creyó que era el hombre más hermoso sobre toda la tierra! Entonces sumido en llanto, corrió, corrió y corrió.

  10. Con miedo, narciso volvió la mirada al lago, observando como el rostro que se mostraba ante el comenzaba a verse muy hermoso. Al querer hablarle le preguntó : - quien eres?? .- sin dar respuesta, narciso se enamoro de su propio reflejo, pero el no lo entendía aun. Hasta que, sin resistirse, se inclino para besar a aquel rostro tan hermoso, pero al acercar se este de iba, asustado narciso se alejaba y al verlo de nuevo, acataba un nuevo intento obteniendo la “huida” del rostro. Como pajaro queriendo estar en agua.

  11. En el ultimo intento de narciso por, besar a “chico”, cayo al lago profundo… sin poder salir de el narciso se ahogo. En la orilla del lago yase una flor blanca con centro amarillo.. Tan hermosa que incluso ella misma se puede ver en la comisura del lago..

  12. cuando Narciso murió, llegaron las Oréades – diosas del bosque – y vieron el lago transformado, de un lago de agua dulce que era,en un cántaro de lágrimas saladas.

  13. - ¿Por qué lloras? – le preguntaron las Oréades.- Lloro por Narciso – repuso el lago.- ¡Ah, no nos asombra que llores por Narciso! –prosiguieron ellas-. Al fin y al cabo, a pesar de que nosotras siempre corríamos tras él por el bosque, tú eras el único que tenía la oportunidad de contemplar de cerca su belleza.- ¿Pero Narciso era bello? – preguntó el lago.- ¿Quién si no tú podría saberlo? – respondieron, sorprendidas, las Oréades -. En definitiva, era en tus márgenes donde él se inclinaba para contemplarse todos los días.

  14. El lago permaneció en silencio unos instantes. Finalmente dijo:- Yo lloro por Narciso, pero nunca me di cuenta de que Narciso fuera bello. Lloro por Narciso porque cada vez que él se inclinaba sobre mi orilla yo podía ver, en el fondo de sus ojos, reflejada “mi propia belleza.”