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Doctrina cristiana

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Presentation Transcript


  1. Doctrina cristiana La palabra “teología” se compone de dos palabras griegas: “theos” (Dios) y “logos” (palabra) y simplemente significa “palabras acerca de Dios” o “el habla o el estudio acerca de Dios”. Cuando estudiamos la teología estamos estudiando palabras e ideas acerca de Dios. Hay diferentes teologías (p.e., la teología musulmana, la teología judía y la teología cristiana) porque hay diferentes entendimientos acerca de Dios.

  2. Competencia del alma en religión significa que el hombre es competente de tratar directamente con Dios por sí mismo, y rinde inefectiva y excluye la necesidad de un sacerdote humano o pastor humano, excluye la necesidad del bautismo infantil o como adulto y otros sacramentos de cualquiera iglesia que supuestamente le conceda la gracia de Dios. El hombre puede ser salvo directamente por la gracia de Dios sin la interferencia humana o eclesiástica.

  3. •la cooperación libre entre individuos redimidos en las obras de adoración, evangelismo, y de ayuda a los necesitados; •la separación de iglesia y estado (el estado no tiene nada que ver con el hombre en cumplir su destino religioso); •el sacerdocio del creyente (ningún sacerdote humano puede reclamar ser el mediador entre el alma y Dios); •la democracia en el gobierno de la iglesia local y la autonomía de la iglesia local (la competencia del individuo regenerado se deriva de Cristo viviendo en él por Su Espíritu Santo, cuya autoridad se expresa por la vida interior del creyente según Su palabra revelada, la Biblia); y •el derecho de interpretar la Biblia según la influencia del Espíritu Santo y sin control humano (todo creyente puede interpretar las Escrituras, pero no aparte del Espíritu Santo que las dio, y el Espíritu ayuda a todos que buscan a interpretar las Escrituras).

  4. LA ESCRITURA ES LA PALABRA DE DIOS Y las tablas eran obra de Dios, y la escritura era escritura de Dios, grabada sobre las tablas. Éxodo 32:16 El cristianismo es el verdadero culto y servicio al verdadero Dios, Creador y Redentor de la humanidad. Es una religión que se apoya en la revelación: nadie sabría la verdad acerca de Dios, ni se podría relacionar con Él de una manera personal, si Él no hubiera actuado primero para darse a conocer. Pero Dios ha actuado así, y los sesenta y seis libros de la Biblia, treinta y nueve escritos antes de venir Cristo, y veintisiete después de que hubo venido, constituyen juntos el registro escrito, interpretación, expresión y prototipo de su autorrevelación. Dios y la santidad son los temas que unen toda la Biblia. Desde un punto de vista, las Escrituras (Escrituras significa “escritos”) son el fiel testimonio de los santos a favor del Dios al que ellos amaron y sirvieron; desde otro punto de vista, y por un ejercicio exclusivo mediante el cual Dios dominó su composición, son el testimonió y las enseñanzas del propio Dios, con forma humana. La Iglesia les llama “Palabra de Dios” a estos escritos, porque tanto su autor como su contenido son divinos. La seguridad decisiva de que las Escrituras proceden de Dios y están compuestas en su totalidad por su sabiduría y verdad, procede de Jesucristo, y de sus apóstoles, que enseñaron en su nombre. Jesús, Dios encarnado, consideraba su Biblia (nuestro Antiguo Testamento) como las instrucciones escritas de su Padre celestial, que Él tenía que obedecer tanto como los demás (Mateo 4:4, 7, 10; 5:19–20; 19:4–6; 26:31, 52–54; Lucas 4:16–21; 16:17; 18:31–33; 22:37; 24:25–27, 45–47; Juan 10:35), y que había venido a cumplir (Mateo 5:17–18; 26:24; Juan 5:46). Pablo describe el Antiguo Testamento como totalmente “inspirado por Dios”; esto es, producto del Espíritu (“aliento”) de Dios, de la misma manera que el cosmos (Salmo 33:6; Génesis 1:2) y escrito para enseñar a la cristiandad (2 Timoteo 3:15–17; Romanos 15:4; 1 Corintios 10:11). Pedro sostiene el origen divino de las enseñanzas bíblicas en 2 Pedro 1:21 y 1 Pedro 1:10–12, y esto mismo hace con la forma en que cita los textos el autor de la epístola a los Hebreos (Hebreos 1:5–13; 3:7; 4:3; 10:5–7. 15–17; cf. Hechos 4:25; 28:25–27).Teologı́a concisa: Una guı́a a las creencias del Cristianismo histórico (15).

  5. Puesto que las enseñanzas de los apóstoles sobre Cristo son en sí mismas verdad revelada en palabras enseñadas por Dios (1 Corintios 2:12–13), con todo derecho, la iglesia considera los escritos apostólicos auténticos como aquellos que completan las Escrituras. Pablo ya se refería a las cartas de Pablo como parte de las Escrituras (2 Pedro 3:15–16), y es evidente que Pablo está llamando Escrituras al evangelio de Lucas en 1 Timoteo 5:18, donde cita las palabras de Lucas 10:7. La idea de unas líneas directrices escritas procedentes de Dios mismo, como base para una vida santa, se remonta al acto divino de escribir el Decálogo en tablas de piedra, e indicarle después a Moisés que escribiera sus leyes y la historia de su trato con su pueblo (Éxodo 32:15–16; 34:1, 27–28; Números 33:2; Deuteronomio 31:9). Interiorizar este material, y vivir de acuerdo con él, fue siempre central en la consagración genuina de Israel, tanto para los líderes como para la gente común y corriente (Josué 1:7–8; 2 Reyes 17:13; 22:8–13; 1 Crónicas 22:12–13; Nehemías 8; Salmo 119). El principio de que todo debe ser gobernado por las Escrituras; esto es, por el Antiguo Testamento y el Nuevo tomados en conjunto, es igualmente básica para el cristianismo. NORMA DE FE Y PRACTICA Lo que dicen las Escrituras, es Dios quien lo dice, porque, de una manera sólo comparable al misterio de la Encarnación, más profundo aún, la Biblia es al mismo tiempo humana por completo, y divina por completo. Por consiguiente, debemos recibir todo su variado contenido—historias, profecías, poemas, cánticos, escritos sapienciales, sermones, estadísticas, cartas y cualquier otra cosa—como procedente de Dios, y debemos reverenciar todo cuanto enseñan los escritores de la Biblia como instrucción de origen divino y poseedora de toda autoridad. Los cristianos nos debemos sentir agradecidos a Dios por el don de su Palabra escrita, y aplicarnos con ahínco a fundamentar nuestra fe y nuestra vida total y exclusivamente en ella. De no hacerlo así, nunca lo podremos honrar ni agradar como Él nos llama a hacerlo.

  6. LOS CRISTIANOS PODEMOS COMPRENDER LA PALABRA DE DIOS Dame entendimiento, y guardaré tu ley, y la cumpliré de todo corazón. Salmo 119:34 Todos los cristianos tienen el deber y el derecho, no sólo de aprender de la herencia de fe de la Iglesia, sino también de interpretar las Escrituras por sí mismos(GUIADOS POR EL ESPIRITU SANTO). La Iglesia de Roma tiene dudas sobre esto, y alega que a la persona sola le es fácil hacer una interpretación errónea de las Escrituras. Esto es cierto, pero las siguientes reglas, si se observan con fidelidad, ayudarán a impedir que esto suceda. Todos los libros de las Escrituras son de composición humana, y a pesar de que siempre se los debe venerar como Palabra de Dios, su interpretación debe comenzar por su carácter humano. Por consiguiente, la alegorización, que no tiene en cuenta el significado expresado por el escritor humano, no es adecuada nunca. Ninguno de sus libros está escrito de manera codificada, sino de una forma que podían entender los lectores a los cuales iba dirigido. Esto es cierto, incluso con respecto a los libros que usan primariamente del simbolismo: Daniel, Zacarías y Apocalipsis. El argumento principal siempre está claro, aunque los detalles aparezcan nublados. Por eso, cuando comprendemos las palabras utilizadas, el fondo histórico y las convenciones culturales del escritor y de sus lectores, vamos por buen camino para captar los pensamientos que se están presentando. No obstante, la comprensión espiritual—esto es, el discernimiento de la realidad de Dios, sus formas de tratar a la humanidad, su voluntad presente y nuestra propia relación con Él ahora y para el futuro—nunca nos alcanzará a partir del texto, hasta que sea quitado el velo de nuestro corazón y podamos compartir la pasión del propio autor por conocer, agradar y honrar a Dios (2 Corintios 3:16; 1 Corintios 2:14). Aquí hace falta orar para que el Espíritu de Dios engendre esta pasión en nosotros y nos muestre a Dios en el texto. (Véanse Salmo 119:18–19, 26–27. 33–34, 73, 125, 144, 169; Efesios 1:17–19; 3:16–19). Packer, J. I. 1998. Teologı́a concisa: Una guı́a a las creencias del Cristianismo histórico (18). Editorial Unilit: Miami, FL

  7. Cada uno de los libros tiene su lugar dentro del progreso de la revelación de su gracia por parte de Dios, que comenzó en el Edén y alcanzó su punto cimero en Jesucristo, Pentecostés y el Nuevo Testamento apostólico. Debemos tener presente ese lugar cuando estudiemos el texto. Por ejemplo, los Salmos, que sirven de modelo para el corazón de los santos de todas las épocas, expresan sus oraciones y alabanzas en función de las realidades típicas (reyes y reinos terrenales, salud, riquezas, guerra, larga vida) que circunscribían la vida de la gracia en la era precristiana. Todos y cada uno de los libros proceden de la misma mente divina, de manera que las enseñanzas de los sesenta y seis libros que componen la Biblia serán complementarias entre sí, y tendrán coherencia interna total. Si no somos capaces de ver esto, el fallo está en nosotros, y no en las Escrituras. Es cierto que las Escrituras no se contradicen entre sí en ningún lugar; al contrario, los pasajes se explican unos a otros. Este sólido principio de interpretar las Escrituras por medio de otras Escrituras recibe algunas veces el nombre de “analogía de las Escrituras”, o “analogía de la fe”. Cada uno de los libros presenta verdades inmutables con respecto a Dios, a la humanidad, a la santidad y la impiedad, aplicadas a situaciones concretas en las cuales se hallaron ciertas personas y grupos humanos, y ejemplificadas por ellas. La etapa final en la interpretación bíblica consiste en reaplicar estas verdades a nuestra propia situación vital; ésta es la forma de discernir lo que Dios nos está diciendo desde as Escrituras a nosotros en este momento. Tenemos ejemplos de aplicaciones así en el momento en que Josías se da cuenta de la ira de Dios porque Judá no ha sabido observar su ley (2 Reyes 22:8–13), o cuando Jesús razona a partir de Génesis 2:24 (Mateo 19:4–6), o Pablo usa Génesis 15:6 y el Salmo 32:1–2 para mostrar la realidad de la justicia presente por la fe (Romanos 4:1–8). No se debe tratar de hallar en las Escrituras, ni imponerles tampoco, significado alguno que no se pueda sacar con toda certeza de las mismas Escrituras; esto es, que no sea expresado de manera inequívoca por uno o más de sus escritores humanos. Un pasaje obscuro interpretarlo a la luz de uno claro. La minuciosa y piadosa observancia de estas reglas es distintivo de todo aquel cristiano que “usa bien la palabra de verdad” (2 Timoteo 2:15). Packer, J. I. 1998. Teologı́a concisa: Una guı́a a las creencias del Cristianismo histórico (19). Editorial Unilit: Miami, FL

  8. PRINCIPIOS BAUTISTAS Principios Doctrinales Bautistas DEFINICIÓN: Debemos entender por Principio Bíblico: Una verdad fundamental, clara y extensa que se encuentra en la Biblia, que además de darnos un visión global de la teología, nos da una base para concluir sobre asuntos específicos. Por otro lado esta visión global que constituye un principio bíblico fundamental, surge de la reflexión sobre un conjunto determinado de verdades especificas o “doctrinas”. Podemos decir entonces que la relación entre los principios fundamentales y las doctrinas o conclusiones sobre verdades específicas es una relación “dinámica”. Porque hemos descubierto una serie de verdades de la Biblia es que podemos establecer algunos principios pero a su vez el tener los principios fundamentales nos da capacidad para realizar conclusiones doctrinales en forma más eficiente. Habría que aclarar además que en cuanto a la identidad denominacional, los principios juegan un papel muy importante. Podríamos diferir en cuanto a algunas doctrinas (Escatología: el milenio, el rapto etc., Eclesiología: comunión abierta cerrada o semiabierta o semicerrada etc.,), pero no podemos diferir en cuanto a los principios y seguir siendo bautistas. Esta es entonces la razón por la que, después de haber estudiado nuestra historia, debemos estudiar nuestros principios.

  9. Les llamamos PRINCIPIOS BÍBLICOS QUE CREEMOS LOS BAUTISTAS, porque es lo que son, son principios bíblicos, los bautistas no los inventamos sólo los hemos creído a través de la historia por haberlos descubierto en el Nuevo Testamento, son siete y los estudiaremos uno por uno. 1- EL PRINCIPIO CRISTOLÓGICO: EL Señorío De Cristo. 2.- EL PRINCIPIO BIBLICO: La autoridad del nuevo testamento. 3.- EL PRINCIPIO ECLESIÁSTICO: Una membresía Regenerada 4.- EL PRINCIPIO SOCIOLÓGICO: Un gobierno u orden democrático 5.- EL PRINCIPIO ESPIRITUAL: La libertad Religiosa 6.- EL PRINCIPIO POLÍTICO: La separación entre la Iglesia y el Estado. 7.- EL PRINCIPIO EVANGELÍSTICO o MISIONOLOGICO: El Evangelismo Personal y la Obra Misionera

  10. 1. El Principio Cristológico: El Señorío de Cristo Es el principio fundamental, sobre el cual giran todos los demás. Los antecedentes históricos y sobre todo los bíblicos, señalan el señorío de Cristo como la doctrina fundamental. De hecho en el lema de la CBE es: “Jesucristo Único Fundamento”, señalando de este modo lo prescrito en la Escritura (Cf., Fil. 2:11, y 1 Co. 3:11). Esta afirmación es el primer credo de la iglesia apostólica y novotestamentaria: “Jesucristo es el Señor”. Se dice que el futuro de la denominación bautista dependerá de la fidelidad a este principio. Asumir este dogma de fe, significa oponerse a todo tipo de totalitarismo. Esta declaración del señorío de Cristo implica absoluta sujeción y sumisión del creyente como de la iglesia. Si Cristo es el Señor –como lo es- entonces nosotros somos solamente esclavos que debemos obediencia plena. Pues, si Cristo no es Señor, entonces no es nada (Cf., Jn. 9:1ss; Rom. 10:9-10; Fil. 2:1-11; Ap. 1:1ss).

  11. 2. El Principio Bíblico: La Autoridad del Nuevo Testamento No es caer en la bibliolatría. Los bautistas buscan amoldarse al modelo de la iglesia del NT, entendiendo que hay diferencias culturales, históricas y aún administrativas. Consideran más el NT como una fuente histórica, normativa y divina; y no un manual eclesiástico. El NT es la “tradición” definitiva de los bautistas. Los bautistas se basan en el NT, interpretado bajo la dirección del Espíritu Santo. El AT, es importante pero siempre se lo debe interpretar desde el NT., nunca al revés. En resumen: este principio es bautista, porque primeramente fue apostólico. Por ello se estima a los bautistas como “biblicistas” porque se aferran al NT como la única norma de fe y práctica. Este principio está hoy más vigente que nunca, debido al subjetivismo teológico y doctrinal que impera en el mundo católico, protestante, pentecostal y evangélico, inclusive.

  12. 3. El Principio Eclesiástico: Una Membresía Regenerada Este constituye el principio cardinal y punto de partida de los bautistas en torno a la eclesiología. Los bautistas creen que la iglesia cristiana es la confraternidad de todos los creyentes en Cristo, o sea una comunidad espiritual, cuya expresión concreta en el mundo es una iglesia local y cuyo fin es el entendimiento del Reino de Dios. Los bautistas para aceptar nuevos miembros insistirán en dos aspectos antes de la admisión: 1. Evidencias de una conversión genuina y personal; y, 2. Que el creyente sea bautizado bíblica y correctamente. Según los bautistas el bautismo novotestamentario exige al menos cuatro cosas: 1. Ser creyente (candidato correcto); 2. Por inmersión (modo correcto); 3. El bautismo como símbolo (significado correcto); 4. Ministro autorizado (administrador correcto). Creemos que el bautismo es la representación dramática de la regeneración (Cf., Rom. 6:4). Por eso los bautistas creen que su práctica bautismal es bíblicamente correcta, psicológicamente verdadera, intelectualmente libre, y simbólicamente rica (Anderson: 1987, p., 61). En suma, los bautistas creen que el bautismo novotestamentario simboliza: la purificación personal del pecado, la recepción del don del Espíritu Santo y la unión mística con Cristo en sus hechos redentores. El bautismo es el símbolo del nuevo nacimiento, y por ello se celebra una sola vez.

  13. 4. El Principio Sociológico: Un Orden Democrático La persona que acepta el señorío de Jesucristo no podrá tener otro principio sociológico que no sea el considerar a los demás como iguales ante Jesús; y en consecuencia, luchará por la eliminación de todo tipo de barreras, sociales, religiosas, políticas, raciales, etc. Este principio emana de otro grande y colosal pensamiento de los bautistas, que además fue grito de guerra en la Reforma: El sacerdocio universal de los creyentes. Eso significa que el creyente es regenerado por gracia una vez para siempre, y por medio de la fe. Tiene libre acceso a Dios por medio del único Mediador (sacerdote) que es Jesús. Y asume su responsabilidad sacerdotal de cuidado frente a los otros. La democracia y la autonomía, palabras bautistas distintivas; no significan ni la anarquía individual, ni la independencia social; sino que significan un esfuerzo por dejar libre el acceso entre Dios y el hombre, entre el Espíritu Santo y la congregación. Ante Jesucristo todos los hombres son iguales. Una élite no puede existir en una congregación bautista. Por ello los bautistas luchan por la democracia en todo orden y contexto posible; con el fin de someterse mejor a una monarquía absoluta: la de Jesús y su bendito Reino eterno. El sacerdocio del creyente y la autonomía de la congregación local, presuponen un profundo sentido de responsabilidad ante Dios.

  14. 5. El Principio Espiritual: La Libertad Religiosa Tolerancia religiosa no es lo mismo que libertad religiosa. Según los bautistas, libertad religiosa es: “La libertad dada por Dios, de creer (conciencia) de adorar (culto) y de propagar (prensa, radio, etc.) la fe sin coerción gubernamental o interferencia clerical” (Anderson: 1987, p., 72). Además, creo firmemente, que la libertad religiosa debe estar signada también por la igualdad en términos de derechos y privilegios. De otro modo, el favoritismo abierto o soterrado, evidenciaría tolerancia, más no libertad; que en este contexto es sinónimo de igualdad. En resumen: la libertad religiosa es de culto, conciencia, y proclamación de lo que creemos. Creemos que la libertad religiosa esta arraigada en la naturaleza del hombre: él fue hecho libre aún ante Dios. Aquella libertad se ejercita en el contexto del orden social y debe estar gobernada y motivada por el amor cristiano. Esa libertad involucra la aceptación de la responsabilidad del discipulado cristiano; y ello implica que el ejercicio de la libertad demanda fe y sacrificio; humildad y fidelidad; inteligencia y celo (Anderson: 1987, p., 77). Y por último, aquella libertad debe ser ejercida –y es solo tal- bajo la dirección del Espíritu Santo de Dios. Este principio nos obliga a seguir siendo contestatarios (aspecto negativo según la lectura de los demás), pero también a ser proactivos, porque debemos demostrar, positivamente, la disciplina y la adaptabilidad nuestra en la sociedad.

  15. 6. El Principio Político: La Separación entre Iglesia y Estado Este principio es el corolario del anterior, y nació de la interpretación bíblica de la política. El fundamento bíblico para tal y radical separación, se puede esgrimir en los siguientes puntos: • El señorío de Cristo, Mt. 28:18 • La naturaleza del reino de Cristo, Jn. 18:36 • El estado pecaminoso del hombre, Rom. 3:23 • El sacerdocio del creyente, Ef. 2:5-10 • El carácter espiritual de la iglesia de Cristo, Mt. 16:18 • La doble ciudadanía del creyente, Mt. 22.21: Fil. 3:20 En términos prácticos, la separación absoluta y definitiva entre la iglesia y el Estado, implica aspectos como: • Debe darse en el contexto público y legal • Las iglesias existen sobre una base de voluntariedad • No existencia de impuestos eclesiásticos • No habrá instrucción religiosa “oficial” en las escuelas públicas • Perseguir el bienestar de las iglesias dentro del estado.

  16. 7. El Principio Misionológico: La Evangelización y las Misiones Si la mente de los bautistas está en la teología bíblica y en el NT, su corazón está en las misiones. La Biblia toda es el relato de la obra misionera de Dios. La piedra fundamental en cuanto a la base bíblica, son dos textos referentes a la llamada Gran Comisión (de otro modo seguirá siendo la Gran Omisión): Mt. 28:18-20, que implica el “hacer” de la misión (dimensión teleológica), “hacer discípulos”; y Hch. 1:8, que implica el “ser” (dimensión ontológica) de la misión, “ser testigos de Jesús”. Pero a ello se añade otra acción fundamental: la de “decir” el evangelio a toda criatura, en un contexto de predicación (dimensión kerygmática; Cf., Mr. 16:15). La sola presencia de la iglesia en el mundo, implica la misión, porque existe y fue sembrada en la historia para ello. Los bautistas tienen miles de misioneros en el mundo y toda una superestructura de agencias misioneras, ofrendas e instituciones de apoyo logístico. ¿Cómo hacemos los bautistas las misiones? Pues con la mente inquisidora de las Sagradas Escrituras; con un corazón apasionado por los perdidos; con rodillas quebrantadas en oración intercesora; con bolsillos generosos que ofrendan; y finalmente, con pies que caminan hacia los no alcanzados (Cf., Is. 52:7).

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