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Domingo III del T.O. Año A

Domingo III del T.O. Año A. El Señor es mi luz y mi salvación. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar?. El Señor es mi luz y mi salvación.

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Domingo III del T.O. Año A

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Presentation Transcript


  1. Domingo III del T.O. Año A

  2. El Señor es mi luz y mi salvación.

  3. El Señor es mi luz y mi salvación,¿a quién temeré?El Señor es la defensa de mi vida,¿quién me hará temblar?

  4. El Señor es mi luz y mi salvación.

  5. Una cosa pido al Señor,eso buscaré:habitar en la casa del Señorpor los días de mi vida;gozar de la dulzura del Señorcontemplando su templo.

  6. El Señor es mi luz y mi salvación.

  7. Espero gozar de la dicha del Señoren el país de la vida.Espera en el Señor, sé valiente,ten ánimo, espera en el Señor.

  8. El Señor es mi luz y mi salvación.

  9. Lectio El salmo 26 que hoy proclamamos es un salmo de confianza individual, con elementos de súplica. Una persona, que se ha refugiado en el templo de Jerusalén, confía plenamente en que el Señor la declarará inocente. Consta de dos partes (vv. 1-6 y vv. 7-13, que para muchos en realidad se trataría de dos salmos y la Liturgia en parte lo corrobora pues para cada una de ellas pone un versículo introductorio distinto) y una conclusión (v.14). La primeraparte (vv. 1-6) expresa la confianza del salmista orientada a la alabanza en el Señor a pesar del peligro bélico que le acecha. La segundaparte (vv. 7-13) expresa la confianza convertida en oración ante las pruebas de la vida. La conclusión (v. 14) es una invitación a la confianza. Parecen ser las palabras que un sacerdote dirige al fiel, reforzando la idea de que Dios le va a hacer justicia sin demora. Con todo, siguiendo a Schökel, vemos que hay “un denominador común: el miedo. Porque la confianza, por encima de todo, no tiene que vencer enemigos ni rebatir calumnias; tiene que vencer el miedo, el gran enemigo interior.”

  10. Meditatio Si para el orante judío del salmo el Señor ya es su Luz y su Salvación, para nosotros, cristianos, la plenitud de esta revelación la hallamos en Jesucristo. Él es la Luz del mundo, la luz grande que brilló en el país que caminaba en las tinieblas, la Galilea de los gentiles. Además, Él es nuestra salvación. Su nombre “Jesús” que significa “YHWH salva” nos lo indica. Pero sobre todo su vida entera que culmina en su Pasión, Muerte y Resurrección es toda ella la salvación del Padre encarnada. En la I parte del salmo el orante ansía habitar en la casa del Señor, gozar de la dulzura del Señor contemplando su templo. No se atreve a más en sus deseos, pero, he aquí que en la II parte del salmo es el mismo Dios quien le invita a buscar su Rostro, es decir, a vivir en su Presencia y servirle fielmente. Este Rostro es el que sabrán descubrir los primeros discípulos del Señor cuando éste les diga: “Sígueme.” Este salmo contiene muchos matices, y muchos de sus versículos pueden ser el lema de toda una vida. Pidámosle al Señor que nos enseñe a buscar su Rostro en el claroscuro de nuestras vidas, a confiar en Él aunque un ejército acampe contra nosotros, a tener ánimo y ser valientes porque, aunque todos nos abandonen, el Señor nos recogerá. “La confianza en Dios es el valor del humilde” (L. A. Schökel)

  11. Oratio Contemplando a Cristo orando al Padre con este salmo aprendo yo a orar. “No me deseches, no me abandones, Dios de mi salvación.” Cristo, en el despojo total de la Cruz tuvo que buscar el Rostro de su Padre amado y, quizá, sólo lo vislumbró en el rostro querido y muy amado, pero humano, de su Madre. Allí estaba Ella, como pequeña luz para los hombres y, en cuanto Hombre, para su Hijo también, de la Luz y Salvación de Dios.

  12. Contemplatio Hoy nos acompaña un texto de Juan Mediocre de Nápoles, un Padre de la Iglesia del siglo VI. “El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? Dichoso el que así hablaba, porque sabía cómo y de dónde procedía su luz y quién era el que lo iluminaba. El veía la luz, no esta que muere al atardecer, sino aquella otra que no vieron ojos humanos. Las almas iluminadas por esta luz no caen en el pecado, no tropiezan en el mal. Decía el Señor: Caminad mientras tenéis luz. Con estas palabras, se refería a aquella luz que es él mismo, ya que dice: Yo he venido al mundo como luz. […] A él se refería proféticamente el salmista, cuando decía: El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?”

  13. Actio Que tu Luz y tu Salvación, que cada semana recibo de un modo especial en la Eucaristía dominical, me ayuden a confiar más en Ti. A no tener miedo en medio de ese posible vaivén psicológico entre una confianza triunfal y otra suplicante…

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