Día 23
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Día 23. “Tan grande es el deseo que tiene esta Madre de misericordia de salvar a los pecadores más perdidos, que Ella misma va en su busca para ayudarlos. Y si estos imploran su favor, María sabe hallar modo de hacerlos agradables a Dios.” San Alfonso María de Ligorio.

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Día 23

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D a 23

Día 23


D a 23

“Tan grande es el deseo que tiene esta Madre de misericordia de salvar a los pecadores más perdidos, que Ella misma va en su busca para ayudarlos. Y si estos imploran su favor, María sabe hallar modo de hacerlos agradables a Dios.”

San Alfonso María de Ligorio


D a 23

Dispongámonos con fe a iniciar este día de novena como preparación a la fiesta de la Virgen del Perpetuo Socorro,

Detengamos un momento en nuestro caminar diario; recemos, oremos

y pidamos su socorro:

!Oh Madre de Amor

Ven en mi Socorro!


D a 23

Oh María, Madre de Jesús y nuestra madre del Perpetuo Socorro, voy a mirarte fijamente durante nueve días para descubrir en tu imagen los símbolos más sobresalientes, las lecciones más llamativas, las misteriosas insinuaciones que tu inspirado pintor pretendió trasladar a su obra. Y no sólo las que voy a leer en estas páginas, sino también las que tu misma, maestra admirable, vas a enseñarme sobre tu Hijo y sobre nuestro Dios, que es padre y madre de amor.

Ayúdanos a seguir fielmente a tu Hijo Jesucristo. Despierta en mi entendimiento y en mi corazón la fe, la esperanza y el amor con que tu misma quieres que te mire y te invoque, para avivar una confianza ilimitada en tu socorro. Amén


D a quinto mano con mano

DÍA QUINTOMano con mano

Con la izquierda sostienes al Niño. Con tu mano derecha tomas las manos de Jesús, y con tus dedos largos y hermosos señalas su rostro. Un día en Caná vas a decir: “hagan lo que él les diga”. Nos indicas a Jesús, el bondadoso por excelencia, el poderoso. Por eso en tu icono nos recuerdas que eres la que muestra el camino, la “conductora”, la Virgen del camino.

Y dijo el Padre celestial en la Transfiguración: “Este es mi Hijo amado, escúchenle”. Tú eres, Madre, la señal que nos permite identificar la presencia amable y confortable de Jesucristo. Donde está él, estás tú, inseparablemente unidos. Nos estás diciendo, Madre y primera discípula de Jesús, que ser cristiano consiste en seguir a tu Hijo y que tu nos llevas de la mano hasta él.

Gracias, Madre, porque iluminas nuestra ruta hacia la casa del Padre. Despierta nuestra fe; aviva nuestra esperanza cuando nos agote el cansancio del viaje.


R ven en mi socorro oh madre de bondad

R/: Ven en mi socorro, ¡oh Madre de bondad!

  • Para que escuchando la Palabra de Dios obre de acuerdo con ella. /R

  • Para que viva todos mis días como seguidor de Jesucristo. /R

  • Para que haga de mi vida un servicio a Dios y al prójimo. /R

  • En todas las pruebas y trabajos de la vida. /R

  • Contra mi inconstancia y para que persevere hasta el fin. /R

  • ¡Oh Madre mía, hasta mi último suspiro!/R

  • ¡Oh Madre del Perpetuo Socorro, cuyo solo nombre inspira confianza! /R

  • En el momento peligroso de la tentación, para que yo resista. /R

  • Cuando haya tenido la desgracia de pecar, para que me arrepienta y me vuelva a levantar. /R

  • Si algún vicio me tiene encadenado, para que pueda romperlo. /R

  • Todos: Seas amada, seas alabada, seas invocada, seas eternamente bendita, ¡oh Virgen del Perpetuo Socorro!, mi esperanza, mi amor, mi madre, mi refugio y mi vida. Amén


D a 23

Todos:

Inmaculada virgen y madre mía, María Santísima,

tú eres la madre de nuestro Señor Jesucristo,

y con él eres la esperanza y el refugio de los pecadores.

A ti recurro, aunque indigno siervo tuyo,

para venerarte y darte gracias, porque me has protegido de todo mal.

Te amo, señora amabilísima y prometo servirte siempre

y esforzarme para que sean muchos los que también te amen.

A ti confío, después de Jesucristo, mi esperanza y mi salvación;

acéptame como hijo, oh madre de misericordia.

Y ya que tu intercesión ante Jesús es poderosa, no permitas

que caiga en tentación y líbrame siempre del mal.

Madre, enséñame a amar a tu Hijo

y alcánzame la gracia de una buena muerte.

Que pueda vivir amando a Dios y a mis hermanos

hasta el final de mis días.

No me faltes con tu socorro hasta que no me veas

en la feliz plenitud del cielo, para cantar las maravillas

que Dios ha hecho en ti y llamarte bienaventurada

por toda la eternidad.Amén. Así lo espero. Así sea.


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