Pasaron más de 50 años, y… 
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Pasaron más de 50 años, y… . La Tía Cochela tenía razón.

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Presentation Transcript

Pasaron más de 50 años, y… 

La Tía Cochela tenía razón


En una muy humilde escuela de la zona de "Los Polvorines", en cercanías deCampo de Mayo, Buenos Aires, en donde los niños concurrían tal vez más porobtener su plato de comida que para estudiar, estaba la maestra (que jamásse consideró una trabajadora de la educación), a pura vocación, ayudando asus alumnos a hacer la tarea después del comedor…


Súbitamente dos en cercanías dejóvenes seminaristas, flacos y embarrados hasta las rodillas, golpearon susmanos, a modo de pedir permiso para ingresar, ofreciéndose para colaborar enla educación de los chicos. La maestra los invitó muy gentilmente a pasar y agradeció a los hombres deDios su buena voluntad, pero les aclaró que ella no disponía en la escuelade dinero para pagar sus servicios, a lo que los visitantes respondieron"con que nos dé de comer estaremos muy bien pagados", pues ellos eranJesuitas, pobres y en plena acción evangelizadora. 


Fue así que los nobles sacerdotes estuvieron trabajando con los chicos delbarrio durante varios meses, tiempo que grabó para siempre en el corazón dela maestra, la capacidad de amar que mostraban los curas especialmente unode ellos al que llamaban Jorge. 


La vida transcurrió, los jóvenes jesuitas continuaron su labor eclesiásticay la maestra con su titánica tarea educativa, siempre en barrioscarenciados, obreros y populares, a pesar de ser ella misma una señora debuena posición socio cultural y, así continuó su vida, luego comosecretaria, vicedirectora, directora, supervisora y por fin, jubilada porunos pocos pesos. 


Ya entrada en su tercera edad, la maestra concurría a misa en la iglesiadel Pilar y un buen día creyó ver en el “Monseñor" que daba la misa, a unviejo conocido. Inquieta, como siempre fue, esperó la finalización de lamisa y se acercó al sacerdote preguntándole si él no era el padre Jorge... Habían pasado unos 35 años y Monseñor detuvo su mirada en la pequeñaabuela, la miró a los ojos, dibujó una sonrisa en su gesto y con totalalegría le dijo: claro que soy el padre Jorge, y usted es la maestra de "Los Polvorines"


La maestra, en la iglesiaCochela, no pudo evitar romper en llanto de emocióny pidió permiso al ahora Monseñor para poder visitarlo. Provocando una nuevasonrisa en el cura que le dijo que se enojaría si no viniera a verloseguido.

La maestra jubilada volvió a su casa a contarle a Coiche, suhermana mayor y a toda la familia la alegría de su encuentro y la mayoralegría aún de haber logrado el permiso para visitar a su viejo amigo en laparroquia. 


A partir de ese momento, en la iglesiaCochela visitaría mensualmente a Monseñor, siemprellevándole todo tipo de ofrendas, escritos, viejas fotografías en blanco ynegro, y entre ellas se destacaban sus "Chipás", lo que además lacaracterizaban por su exquisitez y por su origen correntino.

La anciana nonecesitaba ver personalmente a Monseñor, ella se conformaba con que susecretario le entregue sus presentes ya que no quería distraerlo de susocupaciones.


Sin embargo, a cada visita, cuando no lo encontraba a él, en la iglesiasiempre indefectiblemente seguía una llamada telefónica de Monseñor, enpersona, para agradecer la deferencia y el cariño que sus visitasevidenciaban. Cochela jamás pidió nada a Monseñor, y Monseñor fue Cardenal, y Obispo desu ciudad, y ella vivía cada homilía del padre Jorge como dando crédito aque escuchaba la palabra de Dios.


Y en la iglesiaCochela cumplía, acabadamente ese pedido, ytambién invitaba a familiares y amigos a rezar por el padre Jorge, que ahoraera Monseñor pero que iba "a ser Papa porque ese hombre es un santo, yo loconozco muy bien desde que empezó a caminar en el barro para ayudar a lospobres y además es jesuita, es muy bueno, honesto y humilde, va a ser Papa",repetía hasta el hartazgo.

Oren por él. 


Leía y releía una y mil veces las notas en la iglesiaperiodísticas que se publicaban sobre el Cardenal.

El padre Jorge siempre ledio afecto, mucho cariño y la acarició con su misericordiosa mirada, perotambién siempre le pidió algo, algo inusual y llamativo en un cura.

Siemprele pidió que rece por él, que lo necesitaba para poder hacer mejor sutrabajo como hombre de Dios.


La vida fue muy dura con en la iglesiaCochela porque aunque la llenó del afecto de susfamiliares y amigos, no le permitió tener hijos, también perdió a sucompañero muy temprano, pero ella nunca se quejó, siempre tuvo una sonrisapara todos, y cuando digo todos es todos, hasta con quienes le hacían elmal, hasta a los delincuentes que le tocó enfrentar los "retaba"cariñosamente para que tomen el buen camino, agregando indefectiblemente asus palabras un único final: "mi hijo", lo que demostraba claramente quecada una de sus frases eran dichas como la madre que no pudo ser. 


También fue dura su partida, la vejez comenzó a hacer estragos en su salud,especialmente en su salud mental y una demencia senil se apoderó de susúltimos días, enfermedad que la comenzó a enajenar y de la que sólo se logróevadir cuando esporádicamente reconocía a alguno de sus seres más queridos ycuando hablaba de "Bergoglio, el cura que según ella sería Papa, porque esun hombre Santo".  


Al pasar meses sin visitarlo… estragos en su salud,Bergoglio hizo averiguar a su secretario quéera de la vida de Cochela, enterándose así que ella estaba muy enferma y quele quedaba poco tiempo de vida. Una tarde de diciembre de 2011, estabaCochela dormida en compañía de su hermana mayor, su enfermera y familiares,cuando en el pequeño departamento de avenida Las Heras sonó el porteroeléctrico, la visita se identificó simplemente como Jorge Bergoglio, quevenía a vistar a Cochela.


Llegó solo, de a pie y con una única misión, darle estragos en su salud,la unción de los enfermos a su antigua Benefactora de "Los Polvorines", nosabemos si lo reconoció o no, pero si sabemos que pocos días después partióa reunirse con su marido en la eternidad, desde donde seguro hizo lobby anteDios para que su profecía se haga realidad. 


Y el cura Jorge estragos en su salud,Bergoglio fue Papa, como decía Cochela, ante las incrédulasorejas de quienes tanto la amamos, pero que en eso no la supimos tomar enserio.

Cochela tenía razón y seguramente Francisco Primero también será unsanto cuando le toque, tanto amor,

tanta devoción,

sin dudas tienen sentido.


La maestra, “ estragos en su salud,Cochela”,

es María Beatriz Solari de Cichero, mi amada tía, misegunda mamá.

Pocos meses después falleció “Coiche”,

su inseparable hermana

ymi gran madre. 


Ruego una oración en su memoria estragos en su salud,

y para que el Papa Francisco

tenga lasfuerzas necesarias para reencauzar a nuestra Iglesia… y,

colaborar a la pazdel mundo y a la

felicidad de los pobres. 


Me colma de felicidad y orgullo cristiano haberme equivocado y pido perdónpor no haberla sabido tomar

en serio…,

¡¡¡Tía Cochela, tenía razón…!!!

AB -  



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